viernes, 12 de diciembre de 2014

Alejandro Casona

Biografía

(Alejandro Rodríguez Álvarez; Besullo, 1903 - Madrid, 1965) Comediógrafo español, autor de un teatro de ingenio y humor que mezcló sabiamente fantasía y realidad. En este sentido, la suya está considerada una obra de carácter neosimbolista que procura la evasión, aunque observando siempre un tono experimental. Su producción, poéticamente rica, no empleó sin embargo en absoluto la construcción en verso.
Cursó estudios en las universidades de Oviedo y Murcia, y en la Escuela Superior de Magisterio de Madrid. Se inició en el mundo teatral dirigiendo una compañía de aficionados, el Teatro de las misiones pedagógicas, formada por los alumnos del instituto del Valle de Arán, del que era profesor. La enseñanza constituyó, ciertamente, una faceta importante en la primera etapa de su vida, ya que fue nombrado inspector de Enseñanza Primaria durante la República, y publicó una primera obra de teatro infantil, El pájaro pinto.
Después de una breve incursión en el campo de la poesía -La flauta del sapo (1930)- en 1932 publicó Flor de leyendas, colección de leyendas clásicas y medievales, que le valió el Premio Nacional de Literatura y, en 1934 -año en que decidió dedicarse por completo a la dramaturgia-, La Sirena varada, por la cual recibió el Premio Lope de Vega.
Su teatro rompió los moldes estilísticos establecidos en el teatro predominante naturalista de la época, e introdujo materiales nuevos para conformar sus personajes, tales como la investigación psicológica y la fantasía. La gran preocupación del autor fue dotar en todo momento de una gran dimensión poética a su teatro. Antes de la guerra civil publicó aún dos obras: Otra vez el diablo, de 1935, y Nuestra Natacha, de 1936, obra dominada en su temática por inquietudes políticas de reforma social.
Al inicio de la confrontación fratricida, Alejandro Casona se trasladó a México en primer lugar, donde publicó Prohibido suicidarse en primavera (1937), en la que introdujo su tema favorito de "la casa de los sueños" como lugar en el que las ilusiones y la realidad se confrontan. Posteriormente, se estableció de forma definitiva en Buenos Aires, desde donde cosechó un gran éxito internacional. En el exilio maduró su expresión y dominó perfectamente los recursos teatrales propios de la línea por él emprendida.
Allí vieron sucesivamente la luz Las tres perfectas casadas (1941) y La dama del alba (1944), tal vez su obra más representativa, en la que el tema de la muerte está tratado con hondura delicada y notable gravedad. Le siguieron La barca sin pescador (1945), La molinera de Arcos (1947), Los árboles mueren de pie (1949), La llave en el desván (1951), Siete gritos en el mar (1952), La tercera palabra (1953), Corona de amor y muerte (1955), La casa de los siete balcones (1957) y Retablo jovial (1962) -recopilación de cinco farsas en una acto compuestas durante sus años de institutor: Sancho Panza en la Ínsula, Entremés del mozo que casó con mujer brava, Farsa del cornudo apaleado, Fablilla del secreto bien guardado y Farsa y justicia del Corregidor.
Su tardía vuelta a España, en 1963, aún le dio tiempo a estrenar una última obra, El caballero de las espuelas de oro (1964), sobre la figura de Quevedo. Carente en ocasiones de auténtica fuerza dramática, sus valores teatrales y literarios, así como poéticos y humanos, lo destacan no obstante como uno de los grandes autores de la escena española e iberoamericana del siglo XX.

Los Arboles Mueren de Pie

El doctor Ariel ha fundado una institución altruista cuya misión consiste en proporcionar consuelo, ilusión y alegría a las personas desesperadas, carentes de dicha y de fe. A las oficinas de esta extraña organización acude un día el anciano señor Balboa en busca de auxilio. Él y su mujer criaron a un nieto huérfano, a quien consintieron demasiado; sin embargo, siendo apenas un muchacho, es ya un caso perdido: jugador, juerguista, agresivo y ladrón, que incluso roba a sus propios abuelos. Una noche, tras sorprenderlo forzando el cajón del escritorio, el abuelo "aun doliéndole en carne propia", lo echa de la casa. De esto hacía ya veinte años; nunca regresó. El muchacho se había embarcado como polizón en un carguero con destino a Canadá, donde se había vuelto contrabandista, estafador y mafioso, "un canalla profesional". La abuela, que lo adora, no sabe nada de ello. Y para mantenerle la ilusión, el señor Balboa le escribe periódicas cartas ficticias como si fueran del nieto, arrepentido ya, donde le cuenta la vida provechosa y feliz que está llevando. Según esto, tiene título de arquitecto, viajes, éxitos, fortuna; además, se ha casado con una muchacha encantadora.
Así pasa el tiempo hasta que un día la abuela recibe un cablegrama donde el verdadero nieto, en realidad un malhechor perseguido por la policía de varios países, le anuncia su regreso a bordo del Saturnia. Pero el barco naufraga y todos sus pasajeros perecen. La abuela ignora esta última noticia. El señor Balboa, para continuar la farsa y no destruir el sueño de su esposa, quiere entonces que esa institución le proporcione un falso nieto, "el nieto de las cartas hermosas, el de la alegría y de la fe".
Los encargados de realizar esa misión son el propio director de la oficina, quien se hará pasar por el nieto Mauricio, e Isabel, joven que ha estado a punto de suicidarse y ha sido salvada por aquella asociación filantrópica. Ambos formarán la pareja del nieto y su esposa. Llegado el momento de representar la farsa, preparada con extremo cuidado, ésta es tan perfecta que convencen a la abuela. Durante el desarrollo de la ficción, sin embargo, el falso Mauricio e Isabel se enamoran. De todos modos, la fingida visita toca a su fin y ambos se preparan a partir.
Ocurre entonces algo imprevisto. Aparece el verdadero nieto quien, para despistar a la policía, en vez de viajar en el Saturnía, lo hizo en otro barco, y llega exigiendo del abuelo una elevada suma de dinero, o de lo contrario armará un escándalo. Balboa se niega. El Mauricio fingido le ordena marcharse. Todo se realiza a espaldas de la abuela a quien desean ahorrar semejante decepción.
Durante dos días consecutivos, de nada valen negativas, amenazas y súplicas, pues aquel sinvergüenza se empeña en extorsionar al abuelo. Pero la abuela logra sagazmente descubrir toda la verdad y, decidida, se enfrenta a su nieto: "¿pero qué es lo que pretende insinuar? ¿Que ese muchacho alegre y feliz que está viviendo bajo mi techo no es mi nieto? ¿Que el mío, verdadero, la última gota de mi sangre, es este pobre canalla que está delante de mí? ¿Era eso lo que venías a decirme, Mauricio?" Y ante el cinismo del nieto, reprime su dolor y lo echa de la casa.
Luego le tocará fingir a ella frente al simulado nieto Mauricio e Isabel, quienes se han ganado su cariño, manifestándoles que aquel desconocido se ha marchado sin decirle nada. Y confiesa a su esposo su estado de ánimo: "Que no me vean caída. Muerta por dentro, pero de pie. Como un árbol."
El telón cae lentamente mientras la abuela dicta a Isabel, sentada a sus pies, la receta de su licor preferido y su pensamiento se pierde en una nueva ilusión: la esperanza de un hijo de sus nietos adoptivos, verdaderos para ella, pues han tenido la virtud de endulzar y dar sentido a sus últimos años.
Teatro idealista, en el cual se advierten los elementos dramáticos derivados del conflicto y del choque entre fantasía y realidad, donde la acción y los caracteres humanos de los personajes de Los árboles mueren de pie, como los de las restantes obras de Alejandro Casona, quedan subordinados al simbolismo del conjunto, al contenido o mensaje moralizador subyacente en la pieza.
Lo importante es el pensamiento que postula y desarrolla el dramaturgo: el intento de evasión hacia un mundo quimérico, ideal, la posibilidad de realizar todos los sueños, superar la realidad creando y creyendo en un mundo de ilusión que termina siendo verdadero. La técnica escénica empleada para representar y dar unidad a esa idea es excelente.

Fuente

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/casona.htm
http://resumendelibros.blogspot.com.ar/2011/01/los-arboles-mueren-de-pie.html

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